Ama y haz lo que quieras

Fernando Fábregas de Corral



fernando.fabregas@gmail.com

EL PENSAMIENTO ÚNICO

06.10.2013 00:00

    Lo del pensamiento único está muy relacionado con otro de los artículos de esta misma actualización de la WEB, que hace referencia a “La Soberbia” de los que nos transmiten que no hay más alternativa que lo que ya tenemos y que sería ilusorio intentar otras aventuras. Además en el artículo que trasladamos de “Ver el Bosque”, se incide también en cuál sea el mensaje que debemos aceptar como dogma indiscutible y por donde podría ir una alternativa, que estamos seguros de que existe y que supone el salir de la resignación, la pasividad y ponerse en el camino de la reflexión, la organización y la acción.

    ¿Por qué, entonces incidir sobre este tema?. Se trata cómo de manera sibilina esa ideología marcadamente insolidaria y que sólo beneficia a los grandes poseedores, intentan no sólo de manera expresa si no a través de ciertos rodeos inculcarnos volviendonos críticos con los que sus profetas entienden que debamos ser críticos y, acríticos con los mensajes que realmente nos introducen en ese mundo de la sinrazón y de la insolaridad.

    Es evidente que hay ciertas culturas que mayoritariamente obvian el ejercicio de derechos que todos en nuestro entorno cultural consideramos que deberían ser reconocidos, pero, partiendo de ahí la manipulación, nos lleva a descalificar a pueblos y culturas apoyadas en religiones que fieles a unos orígenes de unas épocas precedentes y las circunstancias en que se desrrollaron, favorecen el no reconocimiento de ciertos derechos. Esto es especialmente destacable en los derechos de igualdad entre géneros.

    Esas halaracas en favor de ciertos derechos, a los que deberíamos contribuir se extendieran a lo largo y ancho de nuestro mundo, ocultan muchas veces otros intereses y violaciones de derechos tanto o más importantes. Ello se hace discriminando a quienes violan esos derechos en función de que sean aliados o potenciales enemigos, en muchos casos por intereses geoestratégicos de los grandes defensores de la libertad y demás derechos humanos.

    Muchos de los conflictos que salpican hoy el oriente próximo, podrían ser un ejemplo de lo que decimos. Vemos como colectivos enfrentados son armados por unos y otros, lo que supone un pingüe negocio para sus proveedores, y cómo paralelamente se descalifcan por costumbres poco respetuosas con la dignidad de las personas. La industria armamentística, además de ser el gran negocio de nuestra época, supone unas instalaciones industriales, apoyadas por economias fuertes y una tecnología avanzada, que no es facil de ocultar. Se sabe donde se fabrican y por tanto sería muy fácil, seguir el recorrido de esas armas a través de los intermediarios agentes que las proporcionan. Es un negocio asqueroso y criminal, tanto o más que la ausencia de derechos de las mujeres, por poner un ejemplo, que por supuesto rechazamos con igual energia.

    No es por tanto el apoyo militar y sobre todo de armamento el camino para contribuir a la implantación de los derechos democráticos en muchos países. Los cambios culturales suelen ser lentos y suponen una interiorización de unos nuevos valores que han de ser más transmitidos por convicción y en todo caso por la rebeldía de los que sufren algún tipo de discriminación y, muy importante, siempre mejor por métodos pacíficos, de desobediencia civil, que en enfrentamientos armados que la historia nos ha demostrado, que aunque supongan un avance, después suele ocurrir que se vuelve a repetir un nuevo ciclo de opresión. Los cambios para que permanezcan en el tiempo, deben ser queridos, interiorizados y defendidos por muchos miembros en situacion similar, y no que su defensa se apoye sobre todo en el liderazgo de personajes, que pueden en un momento dado ser cruciales, pero su singularidad y la verticalidad de los sistemas que en ellos se apoyan, pueden conducir, con el paso del tiempo, como decíamos, a que de nuevo sus suscesores en sistemas muy piramidales repitan de nuevo el ciclo de la opresión generalizada.

    Muchas veces, al defender los derechos humanos de otros colectivos, los que sufren esas injusticias, son doblemente humillados. Por su situación social en sus ambientes y por las criticas en las que pueden sentirse burlados/as, por miembros de sus supuestos defensores que no entienden que pueden no ser comprendidos desde otras culturas y experiencias vitales vividas desde la cuna.