He tenido una limitada participación política a lo largo de casi toda mi vida. Y lo digo ya que aunque he tenido alguna afiliación, he sido, por una parte muy poco sectario y por otra, porque nunca he pretendido ocupar puesto importantes.
Me defino como casi anarquista y he participado en muchas convocatorias reivindicativas y de denuncia. Recientemente un tema que he priorizado es el genocidio del sioniso contra el pueblo palestino.
De lo que estoy convencido es de que habría que estudiar cauces para que la gente común deba ser escuchada.
Conozco a Manuela Carmena. Su amistad me ha cumplido muchas de mis espectativas y acepto muchas de las críticas, “razonadas” a la manera de hacer política en la que en muchas ocasiones los objeivos de muchos, al menos en parte, sean más sus intereses como persona en muchas ocasiones con afan de poder y otros.
Un ejemplo de la actuación que me ha convencido, fue una asamblea que se realizó en el centro cultural de El Pozo, en el que la alcaldsa, hizo una sencilla introducción en que se podían dar la palabra a todos lo sistentes que así lo quisieran. Los asistentes al pedir intervenir se les anotaba de cinco en cinco y, después estos podían intervenir invitándoles a que hicieran preguntas, sugerencias o críticas sobre temas´municipales. Creo recordar que pidieron la palabra 28 de los asistentes. Después de la intervención de cada cinco, bien ella, el concejal del distrito o, el reponsable de participación ciudadana, intervenian para aclarar o responder a los intervinientes.
Nunca había vivido una experiencia, tan en consonancia con mi afirmación de considerarme casi anarquista. Tengo que aclarar, que en esa iniciativa, aunque tuviera amistad con Manuela, yo pude participar como uno más, pero esa iniciativa fue cien por cién, algo diseñado y detallado para su puesta en práctica por Manuela Carmena.
Por supuesto que los políticos tiene derecho a exponer sus ideas y propuestas pero, en paralelo, habría que escuchar y tener en cuenta las ideas y propuestas de la gente común. Todos y todas, por razones geográficas, familia, estudios u otros, podemos aportar cuestiones bien originales, bien recurrentes al gobierno de las instituciones, pero, esas aportaciones podrían mejorar, ser válidas, a unos gobiernos en que se enfaticen más a todos y todas. Eso si en sociedades, mucho mas igualitarias y en que no se enfaticen en exceso las singularidades (liderazgos)y, en las que todos seríamo más FELICES.